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dc.contributor.advisorGiner Alegría, César Augusto
dc.contributor.authorSoriano Guillamón, Andrés
dc.date.accessioned2025-12-26T10:34:51Z
dc.date.available2025-12-26T10:34:51Z
dc.date.created2025
dc.date.issued2025
dc.date.submitted2025
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10952/10610
dc.description.abstractHoy en día, el terrorismo yihadista se ha configurado como una de las amenazas globales más relevantes que enfrentan los gobiernos, no solo por sus efectos devastadores sobre la seguridad ciudadana, sino también por su rápida expansión a través del entorno digital. Desde el surgimiento en 2014 del autodenominado Califato Islámico de Daesh en Siria e Iraq, el ciberespacio se ha convertido en un espacio privilegiado para la captación, adoctrinamiento, financiación y difusión de propaganda terrorista, generando una radicalización violenta sustentada en una interpretación extremista del islam. Plataformas digitales como redes sociales, foros clandestinos y canales cifrados han potenciado una propaganda sofisticada capaz de embaucar a miles de adeptos dispuestos a perpetrar actos violentos en nombre de una causa religiosa desvirtuada. España no ha permanecido ajena a esta realidad. Según datos oficiales del Ministerio del Interior, desde 2013 hasta 2019 más de doscientos ciudadanos españoles se desplazaron como combatientes extranjeros hacia zonas de conflicto en Siria e Iraq, muchos provenientes de Ceuta, Melilla y áreas periféricas de grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia. Este fenómeno no solo implica riesgos durante su permanencia en dichas áreas, sino que se agudiza al retornar estos individuos con una formación militar específica, una narrativa radical reforzada y vínculos transnacionales activos, incrementando la amenaza terrorista interna. Este retorno constituye uno de los principales desafíos actuales para la seguridad española y europea, debido al complejo proceso probatorio necesario para imputar delitos cometidos en el extranjero y la dificultad para evaluar objetivamente su peligrosidad real en contextos urbanos donde suelen reintegrarse en entornos familiares o comunitarios. La problemática del terrorismo yihadista se agrava por su capacidad adaptativa y descentralizada, funcionando mediante células autónomas, actores solitarios y redes informales. La internacionalización del conflicto tras las Primaveras Árabes ha facilitado el surgimiento de múltiples focos insurgentes en regiones como África del Norte, el Sahel o la Península Arábiga. Asimismo, la proclamación del Califato por Daesh no solo representó un intento de restauración política-religiosa sin precedentes desde la caída del Imperio Otomano, sino que también significó un cambio radical en la estrategia comunicativa del yihadismo, utilizando herramientas digitales con fines propagandísticos y de reclutamiento global. La sofisticada narrativa mediática desplegada en revistas como Dabiq o Rumiyah, sumada al uso intensivo de plataformas como Telegram o Twitter, ha consolidado al entorno virtual como el principal vector de radicalización. En este contexto, España ha adoptado importantes reformas legislativas orientadas hacia una política criminal preventiva. La Ley Orgánica 13/2015 introdujo modificaciones sustanciales en los artículos 282 bis y 588 ter de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, reconociendo jurídicamente la figura del Agente Encubierto Informático (AEI). Este agente especializado permite infiltrarse en redes digitales cerradas con identidad ficticia y recabar pruebas válidas en procesos judiciales, siempre bajo control judicial estricto y cumpliendo principios fundamentales como la legalidad, proporcionalidad y necesidad. Esta figura se ha convertido en esencial para la prevención efectiva, anticipando amenazas terroristas en fases iniciales y evitando su materialización violenta. El análisis empírico realizado en esta tesis, basado en el estudio de múltiples operaciones policiales, jurisprudencia relevante y casos prácticos, evidencia el impacto significativo del Agente Encubierto Informático en la prevención y neutralización de amenazas yihadistas. Más del 90% de las detenciones por terrorismo en España desde 2015 están relacionadas con actividades en el ciberespacio (Ministerio del Interior, 2025). Casos como la Operación Silicon o la detención de células juveniles en Elche demuestran cómo la infiltración digital ha permitido desarticular grupos en fases tempranas, recabar pruebas concluyentes y prevenir atentados potenciales. No obstante, la eficacia del Agente Encubierto Informático o Virtual no está exenta de dilemas éticos y jurídicos. Su empleo plantea debates sobre la privacidad, el equilibrio entre seguridad y libertad de expresión, así como la garantía plena de derechos fundamentales. Por ello, esta investigación propone la necesidad de mantener una supervisión judicial rigurosa, criterios claros de actuación y una delimitación precisa frente a figuras afines como el ciberpatrullero o el agente provocador, asegurando así su legitimidad constitucional. Además, la radicalización yihadista continúa encontrando en jóvenes de segunda generación y conversos vulnerables un objetivo preferente. Factores como la frustración social, el desarraigo identitario y la narrativa épica promovida digitalmente siguen alimentando un reclutamiento preocupante. La figura del AEI ha resultado particularmente efectiva en identificar estos procesos tempranos, permitiendo intervenciones preventivas antes de que se traduzcan en violencia efectiva. La presente tesis doctoral plantea, por tanto, un modelo operativo y normativo integral que refuerza el papel del agente encubierto informático en el contexto español, sugiriendo mejoras en protocolos policiales, técnicas de infiltración y coordinación internacional. Se recomienda además potenciar programas de prevención comunitaria y educativa, adaptados a los nuevos entornos digitales, que complementen las intervenciones policiales. Actualmente, en 2025, el terrorismo yihadista transita hacia una dinámica marcada por la descentralización y la instrumentalización estratégica de conflictos regionales para obtener impacto global. La actividad terrorista de organizaciones como el Estado Islámico del Khorasan (IS-K), que inicialmente operaba en Afganistán y Pakistán, se expande hacia Asia Central, Europa y África Occidental, aprovechando vacíos de seguridad, conflictos étnicos y fragilidades institucionales. Los recientes atentados en Moscú, Irán y Turquía reflejan claramente esta expansión y la nueva capacidad de acción global del IS-K. Por ello, se hace imprescindible enfocar los esfuerzos internacionales de contraterrorismo hacia estas regiones emergentes y entender las nuevas dinámicas locales y regionales como clave para prevenir futuras amenazas. En conclusión, frente al carácter mutable, globalizado y digitalmente sofisticado del terrorismo yihadista, la figura del agente encubierto informático emerge como una herramienta crucial en la estrategia preventiva del Estado español. Su consolidación normativa, operacional y ética representa no solo una necesidad táctica inmediata, sino también una garantía esencial para mantener un equilibrio sostenible entre seguridad colectiva y libertades fundamentales, en un contexto marcado por la incertidumbre y la amenaza constante del terrorismo contemporáneo.es
dc.language.isoeses
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/*
dc.subjectTerrorismo yihadistaes
dc.subjectAgente Encubierto Informáticoes
dc.subjectRadicalizaciónes
dc.subjectCiberterrorismoes
dc.titleEl Agente Encubierto informático como herramienta de prevención del terrorismo yihadistaes
dc.typedoctoral thesises
dc.rights.accessRightsopen accesses
dc.description.disciplineDerechoes


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